EL PERFECCIONISMO DE F.M.

 

F.M. vuelve a verme después de un tiempo en el que se había encontrado muy bien tras terminar la terapia. Está preocupada por estar atravesando un periodo de mucha inseguridad y malestar. ¡no lo entiende!! ya que  pensaba que estaba completamente recuperada.

¿cómo es posible que esté tan confundida?

F.M. siempre espera que la situación sea perfecta para vivir y disfrutar... desea mantenerse en una situación ideal que según ella en algún momento vivió y no acepta que no permanezca en el tiempo ni sea eterna. Le digo:

- Y si lo perfecto es opuesto a lo bueno, igual lo bueno para ti ahora es pasar por este periodo de inseguridad y duda. Tal vez así puedas aprender algo nuevo. La vida es cambio. De todos modos, lo que no entiendo es por qué te culpas de lo que te sucede...

- Siempre he creído que tenía que hacer las cosas desde lo que es correcto. También siento que tengo que hacer todo lo posible para que los demás estén bien.

 

Además de la mente que nos dicta lo que tenemos que hacer y lo que no, existen en nosotros otras partes que también cuentan. El cuerpo, las emociones y el instinto, por ejemplo, nos hacen humanos. Y es bueno darles voz y espacio. La perfección es cosa de dioses, los humanos somos limitados y nos equivocamos.

Para ser perfectos es imprescindible amputar partes de nosotros mismos que no encajan con el ideal de perfección que tenemos. Por ejemplo, si queremos tener un cuerpo perfecto, tenemos que reprimir nuestra pereza e imponernos una disciplina férrea de actividad física y dieta.

Seguramente no existe aquello que perseguimos, puede que lo que necesitemos esté justo delante de nuestros ojos y no lo veamos, puede que no haya nada que cambiar ni de lo que somos ni de lo que vivimos.

¿Cómo trabajar las ansias de perfección?

1. Revisa tus autoexigencias

Solemos estar convencidos de que la realización personal pasa por encontrar a la pareja perfecta, ejercer una profesión con éxito, tener una vida más allá del cuidado de los hijos... En la actualidad, tenemos que ser las mejores en todos los ámbitos. Esto es agotador.

2. Elimina la palabra fracaso

No ser perfecto no significa haber fracasado. Suele ocurrir que ocurrir que existen otras partes nuestras que no tenemos en cuenta y que seguramente no valoramos. Por ejemplo: quiero conseguir pesar unos cuantos quilos menos, pero no consigo adelgazar. Mi cuerpo, mi hambre y mis emociones parece que tienen algo que decir también sobre este aspecto. Si los miro y observo, puedo aprender cosas nuevas sobre mí misma.

3. Somos humanos, nos equivocamos

Para aprender hay que poder cometer errores. Las equivocaciones nos demuestran que nos hemos arriesgado para conseguir algo: solo probando podemos avanzar. Porque, en realidad, cuando nos equivocamos estamos aprendiendo cómo no se hace una cosa. Muchas veces perseguimos la perfección siendo rígidos e inflexibles, sin permitirnos hacer cosas que nos llevarían a nuevos aprendizajes...

4. La perfección está en ser como somos

Cuando no podemos conectar con esa sensación de plenitud y de sentirnos perfectos tal cual somos aquí y ahora es porque estamos funcionando desde nuestros pensamientos, desde nuestra mente. Es decir, solo estamos escuchando y actuando desde una de nuestras partes y no con la totalidad de lo que somos.

27.07.2017
Inés Martín
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La meditación es la práctica del desapego a nuestros pensamientos y emociones. A través de ella buscamos la experiencia de convertirnos en el observador de esos pensamientos, de esas emociones para descubrir que son relativos: el verdadero "Ser" inmutable es el observador, no lo observado.Cuando meditamos ponemos a un lado todo aquello que es accidental en nosotros mismos, nos hacemos uno con la quietud, la serenidad y tocamos así a nuestro ser trascendental, nos damos cuenta, aunque sea por instantes, de que somos esa esencia. La experiencia repetida de esos instantes empieza a irradiar en nuestra vida cotidiana, a lo largo de distintos momentos y adquirimos la capacidad de distinguir lo trascendente de aquello que no lo es.Su propósito es pacificar y calmar la mente. Si mantenemos una mente apacible, no tendremos preocupaciones ni angustias y disfrutaremos de verdadera felicidad; pero si nuestra mente no está calmada, no conseguiremos sentirnos felices, aunque estemos rodeados de las mejores condiciones. Si nos adiestramos en la meditación, iremos descubriendo en nuestro interior una paz y una serenidad cada vez mayores y disfrutaremos de una forma de felicidad que se irá volviendo más pura. Finalmente, nos sentiremos siempre dichosos, incluso ante las situaciones más adversas. Al igual que un globo suelto en el aire se zarandea de un lado a otro al capricho del viento, nuestra mente se tambalea inestable a merced de las circunstancias externas. Si las cosas nos van bien nos sentimos felices, pero si nos van mal de inmediato nos sentimos incómodos. Tales cambios de humor surgen porque nos involucramos en demasía con las situaciones externas. Somos como niños que al construir un castillo de arena en la playa, se llenan de excitación; pero cuando las olas lo destruyen se ponen a llorar. Por medio de la meditación aprendemos a crear un espacio en nuestro interior y una flexibilidad y claridad mentales que nos permiten controlar nuestra mente sin vernos afectados por los cambios de las circunstancias externas. De manera gradual, desarrollamos una estabilidad mental, un equilibrio interior que nos permite estar siempre felices, en vez de oscilar entre los extremos de la euforia y el desaliento. Si nos adiestramos en la meditación con regularidad, llegará un día en que seremos capaces de erradicar las perturbaciones mentales, que son las causas de todos nuestros problemas y sufrimiento. De este modo llegaremos a disfrutar de la paz interna permanente, conocida como "la liberación" o "el nirvana". A partir de entonces, día y noche, vida tras vida, sólo experimentaremos paz y felicidad.

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